La editorial Mondo Cane nos sigue sorprendiendo publicando pequeñas joyitas comiqueras fuera de lo que son los canales más convencionales y comerciales de nuestro mercado.
El francés Hugues Micol, inquieto y ecléctico como pocos, nos traslada al Japón medieval para adentrarnos en una historia que pasa del clasicismo de Kurosawa a lo sobrenatural de los Yokais. Sin palabras, con ritmo trepidante y apenas tiempo para asimilar todo lo que pasa en las páginas, Micol araña el papel con su pluma a modo de katana para plasmar su particular interpretación de la acción y solo siguiendo los designios de lo que su imaginación le sugiere resultando el todo en una maravilla gráfica que por momento nos trae a la mente al Jim Woodring.
Un cómic que tiene tanto de ejercicio de estilo como de puro entretenimiento.






