Solamente por lo insólito y excepcional de los hechos reales que inspiran este trabajo de Kim merece la pena su lectura.
Un diario encontrado por azar en un rastro que cuenta la vida de la señorita Litgi del título es el motor que llevó a Kim a realizar esta obra. Durante casi veinte años la señorita Litgi mantuvo su vida privada romántica en el más estricto secreto. En aquel larguísimo período, su único confidente fueron las páginas de este diario.
Casi otros veinte años fueron los que tardó Kim en plasmar esta historia en viñetas, condicionado por su decisión de dar todo el protagonismo al texto original del diario.
Durante gran parte del cómic lo que nos vamos a encontrar es una suerte de acompañamiento gráfico de Kim a las palabras de la señorita Kim. Una página de texto y otra página de cómic. Un juego narrativo que no pasaría de eso si no fuera por un magnífico epílogo final, ya totalmente en cómic, donde Kim consigue encajar las piezas y darle un sentido unitario a todo el relato.

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