Si os gustan ese tipo de propuestas desafiantes que ponen buena parte de la recompensa lectora en nosotros los lectores, vamos allá con Moon Deer.
De indudable y manifiesto poderío gráfico y con un magnético protagonista a modo de ciervo espacial, es empezar la lectura y no poder parar. Y no es que al principio todo esté muy claro y encaje como un guante. Todo lo contario. Es una sensación de torrente que te arrastra y que no puedes parar sin saber muy bien donde va a desembocar todo ello.
Poco a poco Kavenge va reconduciendo la narración y está va cobrando un nuevo impulso y cierto sentido.
De esas enigmáticas lecturas que no entiendes muy bien por qué te han fascinado.

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