Hace unos días la editorial Astiberri ganó el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial. Reconocimiento más que merecido y ganado segundo a a segundo con un trabajo constante durante muchas décadas.
Felicidades amigos!!!
Saco a colación este asunto porque la obra comentada hoy es el perfecto ejemplo de lo que es esta labor editorial. Porque Yo quiero no morir es exactamente eso. Una obra de editor. Un trabajo en el que una editorial ve potencial, confía y procede a publicar.
Un cómic poliédrico, duro como el diamante en su fondo y que devuelve cualquier esfuerzo lector que tengamos que realizar en su lectura.
Una crónica de la historia reciente de Colombia, una tragedia en si misma, a través de la relación de dos hermanos que siempre quisieron acreditar en la bondad del ser humano.
La mañana del 13 de agosto de 1999, narcoparamilitares, en alianza con agentes del Estado colombiano, asesinaron a Jaime Garzón. Humorista, periodista, abogado, pedagogo, actor, locutor de radio, activista, Garzón luchaba por la paz y medió con las guerrillas hasta conseguir la liberación de más de cien personas secuestradas en Colombia, lo que le convirtió en todo un icono de la defensa de los derechos humanos.
Jaime Garzón era consciente de que su vida corría peligro y, poco tiempo antes de su asesinato, pronunció en una entrevista esta frase: “Yo quiero no morir”.
Alfredo Garzón, hermano de Jaime, y la escritora Verónica Ochoa le devuelven la voz a Jaime y cumplen con su deseo de no ser borrado de la Historia y de seguir viviendo en la memoria del pueblo.

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