¡Qué preciosidad de cómic! Y qué difícil hacer lo que Blanca Vázquez y Elizabeth Casillas han conseguido construir con iguales dosis de sensibilidad y pura realidad.
Una historia que es tan cotidiana como universal y que muestra con naturalidad las últimas fases vitales de la mayor parte de los seres humanos. Sin dramatismos. Sin efectos o trucos narrativos. No son necesarios.
Teresa Valero lo define perfectamente:
"Todo es absolutamente reconocible para quienes un día fuimos niños visitando abuelos, hoy somos hijos cuidando y despidiendo a nuestros padres y pronto tomaremos el puesto de vanguardia vacante. Una preciosa historia que emociona el alma”.

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