viernes, abril 04, 2008

La ( a veces) no tan sufrida vida del librero

Siguiendo con el anterior post, decir que pese a los momentos más agrios que trae consigo la parte de negocio que viene unida a regentar una tienda, hay que reconocer que la sensación que se le queda a uno tras abrir una caja y ver que dentro aparece lo que veis aquí abajo, no tiene precio.





A ver, ¿quién de vosotros es capaz de ponerle precio a tomarse un scotch, o una cervecita, sentados en el sillón, a la salud de la mejor piloto de la flota?

3 comentarios:

Edu M. dijo...

¡Que bueno! Aunque parecen chupitos, ¿que tamaño tienen en realidad?

BD! dijo...

No, de chupitos nada. En la foto no se aprecia bien, pero los vasos son unos señores vasos. De esos que pesan en la mano, con cristal gordito.
Eso sí, también para ser unos vasos, y aún teniendo en cuenta que pagas la frikada, son caros de carallo.

Edu M. dijo...

Vale pues mejor dejamos descansar el bolsillo, aunque no venían nada mal teniendo en cuenta que hoy empieza la temporada :)