miércoles, noviembre 18, 2009

La estación de las flechas




No eran pocas mis dudas sobre este trabajo, merecedor del segundo premio de novela gráfica Fnac-Sinsentido. Con esta referencia sobre la mesa, todo me invitaba a esperar un trabajo "arty", más próximo a la experimentación y a referencias pictóricas que al mundo del tebeo. ¡Ay los prejuicios, cuánto nos equivocan!

Por supuesto, tras la lectura, me doy cuenta de mi equivocación. La realidad no podía estar más lejos de lo supuesto, porque si bien no os voy a negar que en este tebeo hay mucho de experimentación/arty, y que la etiqueta de normal no es la más adecuado para definirlo, todas y cada una de las propuestas narrativas se hacen desde dentro de los códigos del tebeo y nunca siendo ajenos a ellos.

La premisa de la historia es de esas que no dejan indiferente a nadie.

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir entre los indios, en perfecta armonía con una naturaleza generosa y bien conservada?

Alguno de entre vosotros me dirá que ya es demasiado tarde, que hace ya tiempo que los masacraron a todos. Y por lo que a sus descendiente respecta, ¿acaso tiene algo que ver con los orgullosos jinetes de las llanuras de antaño? Nuestro presente sería muy triste de no haber existido Irvin McMulligan, quien inventó en 1879, y para nuestro enorme deleite, un método exclusivo para meter a los indios en conserva.

Este gran sueño americano se exporta hoy al mundo entero gracias a Mulligan's Tradition Inc., y permite que cualquiera pueda acoger a verdaderos indios en su hogar. Así que ¿por qué no? Anímese a lanzarse a la aventura de McMulligan's. ¡¡Adopte un indio!!

Originalidad al 100%.


Si a esta frescura argumental, le sumamos una frescura narrativa, el resultado no podía ser otro que una obra totalmente recomendable. Página tras página pasamos por incontables propuestas gráficas. Unas próximas al Acme de Chris Ware mezclado con los anuncios de periodicos made in Alan Moore. Otras más cercanas a lo que podíamos definir como un dibujo de álbum francés clásico, llegando incluso a copiar el estilo documental de fotógrafo Edward S. Curtis. La clave es que todos estos cambios están justificados por lo que se nos quiere contar, y en ningún momento se quedan en un ejercicio de estilo gratuito. Desde la primera a la última página, las historia de estos indios de bote va creciendo y si bien la frontera entre realidad y surrealismo se deja atrás en las primeras páginas, este no es un factor fundamental para alejarnos de la historia, como suele pasar en otras obras de este tipo.



Quizá el único pero sea el final, demasiado abstracto en incuso un poco precipitado. Pero siendo el tipo de historia que es tampoco sabría proponeros un final más adecuado. Los franceses Guillaume Trouillard y Samuel Stento nos demuestran que la fronteras del cómic se pueden extender más allá de lo conocido sin tener que caer por eso en un círculo de interés restringido.
Como os dije al principio, no os dejéis llevar por los prejuicios y juzgad esta obra por su contenido y no por de donde vengan los premios que haya podido ganar.