jueves, marzo 10, 2016

Las libreras recomiendan: Ichi Efu



Nunca imaginé que un manga que relatara el día a día de los trabajadores de limpieza de la central eléctrica de Fukushima tras el accidente sufrido en 2011 pudiera transmitir tanta normalidad. Uno de los operarios de limpieza llegados en 2012 a Ichi Efu (así conoce a Fukushima 1 la población local) se lanza a la aventura de plasmar su experiencia en formato manga.

Bajo el pseudónimo de Kazuto Tatsuta, nos relata sus razones para buscar trabajo en uno de los lugares, a priori, más peligrosos del momento (una de ellas es ganar un buen salario) y cómo consiguió su puesto de trabajo tras batallar con mil y una subcontratas y empresarios abusones (los mismos problemas en cualquier parte del mundo). Todo muy normal y corriente para estar relacionado con un trabajo en algo que a priori parece el infierno en la tierra.

Y es que Tatsuta se esfuerza en echar por tierra las ideas preconcebidas acerca de Fukushima. ¿Hay radiación y ésta supone peligro? Sí ¿Salen de allí con tres ojos y piel verde? No, están preparados. La exhaustiva y detallada descripción de la normativa de prevención de riesgos y seguridad para los operarios de la central nuclear, transmiten una confianza total en la misma. En su narración, Tatsuta, muestra todas las medidas de seguridad que cada día pasan los trabajadores de F1: varias capas de trajes de protección, máscaras completas, dispositivos de registro de radiación ambiental, controles constantes de exposición a la radiación... todo parece tan controlado y seguro, en cierta forma, que sus mayores quejas sobre el trabajo se reducen al calor que da la máscara.

Lo cierto es que resulta muy interesante, por la cercanía temporal del suceso, ver cuál es la situación en la que se encuentra Fukushima, qué labores de limpieza y protección se están realizando, cómo lo vive la población local, cómo la naturaleza se adueña de las localidades próximas que fueron evacuadas y cómo de fuerte es el poder de adaptación del ser humano incluso en los entornos más hostiles.

Amadelcalabozo