viernes, marzo 06, 2009

Los hijos de Octubre

Reconozco mi total ignorancia sobre el panorama comiquero ruso, tanto el actual como el contemporáneo. En mi defensa puedo alegar que tampoco es que haya mucho que conocer. De hecho, siendo radicales, podríamos incluso afirmar que este supuesto panorama comiquero ruso es inexistente.

Cuando este Los hijos de Octubre de Nikolai Maslov llegó a mi poder, la curiosidad me asaltó de inmediato. Al no tener referentes, lo que me iba a encontrar en sus páginas tenía bastante de misterio. Acabado el tebeo, una cosa me quedó clara. El carácter ruso deja su impronta en todas las facetas de su vida. Incluso cuando hacen tebeos.

Nikolai Maslov nos ofrece 8 relatos, a través de los cuales nos hace un pequeño esquema de como es la vida de un ruso nacido en Siberia en la década de los 50. Con una narración austera, fría y distante, un dibujo esquemático apoyado por las mínimas palabras posibles, personajes ficticios y al mismo increíblemente reales, estos relatos nos reflejan como la sociedad rusa vive siempre un vida de sueños y promesas patrioticas de gloriosa nación, enfrentadas directamente con la realidad del desencanto, pasando de la represión a la alienación de una Unión Soviética en total descomposición, donde la única razón que lleva a la población a continuar su camino es el vodka.

Maslov es al mismo tiempo el paradigma de este carácter ruso. Un campesino que sin apenas formación artística y que sin haber leído en su vida una página de cómic, siente la imperiosa necesidad de contar su historia con imágenes y palabras. Para poder hacerlo, se planta en la librería de Emmanuel Durand, que entre otras muchas cosas es el editor ruso de Asterix, para pedirle que confíe en él y le pague los 200 dólares mensuales que necesitaba (el sueldo que tenía en su empleo de guardián nocturno) con vistas a dejar su trabajo y dedicar las 24 horas del día a terminar su tebeo.

A toro pasado, leyendo alguna reseña biográfica sobre el autor y su obra, los nombres de Chéjov y Tolstói siempre salen a colación. No quisiera entrar en una polémica absurda, por lo que mejor me quedo con la definición que su editor da del autor; "Maslov tiene dos héroes: el poeta Yesénin, que se suicidó en 1925, y por otro lado su abuelo, que era un campesino analfabeto a quien la OGPU, arrestó en la última gran purga de los años treinta. Fue arrestado con otros seis miembros del Koljós, a quienes pedían que se denunciaran mutuamente; pero él no denunció a nadie. Repitió lo mismo hasta el final: -Para nada estoy en contra de la revolución, pero antes teníamos pan, y ahora ya no. ¿Qué ha sido del pan?-. Lo fusilaron aquella misma noche".

Parece ser que, una vez contada la historia que nos quería contar, Maslov no tiene intención de volver a coger los lápices (carboncillos en su caso). Por lo menos, no a corto plazo. Una pena. Realmente, una verdadera pena.